Bachelet: la perplejidad continúa
La Concertación me deja perplejo por muchas razones. La primera es su reiterada afirmación de que no recibe lecciones de ética de nadie (aunque a veces ha reconocido que las recibiría del Papa, del Dalai Lama o de algún otro ser muy escogido). A mí me pasa lo contrario: tengo deficiencias éticas tan notorias que feliz recibo lecciones, si alguien quiere dármelas.También me asombra la capacidad concertacionista de borrar del escenario político a sus adversarios. Hay casos como el de Joaquín Lavín, donde ha operado una maquinaria perfecta. Que se haga con la mejor intención no quita su carácter implacable.Pero no son los únicos desconciertos que me produce el conglomerado que hace tanto tiempo nos gobierna. Reconozco que en él hay gente muy capaz; al menos hay una decena de sus políticos o empresarios que podrían ser buenos Presidentes. No los nombro, para no herir su natural modestia y porque algunos son parientes míos y no querría que los acusaran de nepotismo. Y he aquí que, entre muchas posibilidades, eligen a Michelle Bachelet.Nos dicen que "Chile ya está preparado para ser gobernado por una mujer". Nunca he entendido esa frase: ¿tuvo que prepararse la India para que la mandara Indira Gandhi, Israel para Golda Meir o Inglaterra para la Sra. Thatcher? Los que tienen que estar preparados son los candidatos, no el país. Entiéndase bien: Michelle Bachelet tiene grandes talentos, muy superiores a los míos y a la mayoría de los lectores. Probablemente sea brillante, pero no me parece que tenga precisamente las capacidades que se requieren para ser Presidente, como tampoco tal vez las tiene para dirigir la Filarmónica de Berlín. Eso no tiene nada de malo. Ella, preocupada por el futuro de la Concertación, aceptó el desafío, lo que habla de su generosidad pero no garantiza el bien del país. Hay muchos cargos en los que podría desempeñarse mejor.¿Por qué la eligieron? Quizás en ese entonces la Concertación estaba asustada por la amenaza de Lavín y, en vez de confiar en su proyecto y en sus fuerzas, se aferró a las encuestas. Esto me parece muy grave. Me cuesta creer que hayan pensado que ella lo iba a hacer mejor que esas numerosas personas que ya han mostrado una enorme capacidad para gobernar. Si me dicen que como ministra lo hizo bien, me temo que tendríamos que ponernos de acuerdo en cuáles son los parámetros de comparación.Además, ha dado a entender que Rodríguez Zapatero es un modelo para ella. Esto es aterrador. Hasta el más ferviente socialista hispano reconoce que nunca habían pensado que iban a ser gobierno. O sea, que pusieron un candidato para salir del paso. Como este candidato no tenía muchas esperanzas, no se preocupó de tener un plan coherente. Sin el horror del M-11 no sería Presidente del Gobierno. Eso casi nadie lo discute. La prueba de que no estaba preparado es que, en estos meses, ha mantenido todo igual salvo hacer cambios que no requieren preparación ni estudio, como poner dificultades a la educación privada, impulsar los "matrimonios homosexuales" y cosas por el estilo. ¿Es ése un modelo? ¿Es que no tiene ninguno en Chile?Michelle quedó entusiasmada con la idea española de dar a mujeres el 50% de los cargos ministeriales. ¿Hay algo más machista? ¿Qué dirían Soledad Alvear, Lily Pérez, Carolina Tohá o Jacqueline van Rysselberghe si les dieran un cargo no por ser las más capaces, sino por ser mujeres? (Confieso que a cada rato veo actitudes machistas en la Concertación, pero no se lo digan a nadie, porque no quiero que se rían de mí).Un amigo extranjero me decía asombrado: "Casi todo el mundo en Chile va a votar por Bachelet, pero cuando les pido tres razones la mayoría ni siquiera me da dos".Admito, sin embargo, una posibilidad. Cabe que yo esté completamente equivocado. Cabe que tenga capacidades que no le conozco. Es posible que Michelle Bachelet rehúya los debates no porque carezca de razones, sino porque lo suyo no es la oratoria. Le pido, sin embargo, que haga un esfuerzo y se someta a las reglas elementales del debate político. Somos muchos los chilenos que queremos oír sus argumentos. Tenemos demasiadas dudas, y el cargo que quiere ocupar afectará seriamente nuestras vidas por varios años. No tenga miedo: si descubrimos que nuestros temores eran infundados el país entero saldrá ganando.


