domingo, agosto 21, 2005

Bachelet: la perplejidad continúa

El Mercurio, Domingo 21 de agosto de 2005, D15

La Concertación me deja perplejo por muchas razones. La primera es su reiterada afirmación de que no recibe lecciones de ética de nadie (aunque a veces ha reconocido que las recibiría del Papa, del Dalai Lama o de algún otro ser muy escogido). A mí me pasa lo contrario: tengo deficiencias éticas tan notorias que feliz recibo lecciones, si alguien quiere dármelas.También me asombra la capacidad concertacionista de borrar del escenario político a sus adversarios. Hay casos como el de Joaquín Lavín, donde ha operado una maquinaria perfecta. Que se haga con la mejor intención no quita su carácter implacable.Pero no son los únicos desconciertos que me produce el conglomerado que hace tanto tiempo nos gobierna. Reconozco que en él hay gente muy capaz; al menos hay una decena de sus políticos o empresarios que podrían ser buenos Presidentes. No los nombro, para no herir su natural modestia y porque algunos son parientes míos y no querría que los acusaran de nepotismo. Y he aquí que, entre muchas posibilidades, eligen a Michelle Bachelet.Nos dicen que "Chile ya está preparado para ser gobernado por una mujer". Nunca he entendido esa frase: ¿tuvo que prepararse la India para que la mandara Indira Gandhi, Israel para Golda Meir o Inglaterra para la Sra. Thatcher? Los que tienen que estar preparados son los candidatos, no el país. Entiéndase bien: Michelle Bachelet tiene grandes talentos, muy superiores a los míos y a la mayoría de los lectores. Probablemente sea brillante, pero no me parece que tenga precisamente las capacidades que se requieren para ser Presidente, como tampoco tal vez las tiene para dirigir la Filarmónica de Berlín. Eso no tiene nada de malo. Ella, preocupada por el futuro de la Concertación, aceptó el desafío, lo que habla de su generosidad pero no garantiza el bien del país. Hay muchos cargos en los que podría desempeñarse mejor.¿Por qué la eligieron? Quizás en ese entonces la Concertación estaba asustada por la amenaza de Lavín y, en vez de confiar en su proyecto y en sus fuerzas, se aferró a las encuestas. Esto me parece muy grave. Me cuesta creer que hayan pensado que ella lo iba a hacer mejor que esas numerosas personas que ya han mostrado una enorme capacidad para gobernar. Si me dicen que como ministra lo hizo bien, me temo que tendríamos que ponernos de acuerdo en cuáles son los parámetros de comparación.Además, ha dado a entender que Rodríguez Zapatero es un modelo para ella. Esto es aterrador. Hasta el más ferviente socialista hispano reconoce que nunca habían pensado que iban a ser gobierno. O sea, que pusieron un candidato para salir del paso. Como este candidato no tenía muchas esperanzas, no se preocupó de tener un plan coherente. Sin el horror del M-11 no sería Presidente del Gobierno. Eso casi nadie lo discute. La prueba de que no estaba preparado es que, en estos meses, ha mantenido todo igual salvo hacer cambios que no requieren preparación ni estudio, como poner dificultades a la educación privada, impulsar los "matrimonios homosexuales" y cosas por el estilo. ¿Es ése un modelo? ¿Es que no tiene ninguno en Chile?Michelle quedó entusiasmada con la idea española de dar a mujeres el 50% de los cargos ministeriales. ¿Hay algo más machista? ¿Qué dirían Soledad Alvear, Lily Pérez, Carolina Tohá o Jacqueline van Rysselberghe si les dieran un cargo no por ser las más capaces, sino por ser mujeres? (Confieso que a cada rato veo actitudes machistas en la Concertación, pero no se lo digan a nadie, porque no quiero que se rían de mí).Un amigo extranjero me decía asombrado: "Casi todo el mundo en Chile va a votar por Bachelet, pero cuando les pido tres razones la mayoría ni siquiera me da dos".Admito, sin embargo, una posibilidad. Cabe que yo esté completamente equivocado. Cabe que tenga capacidades que no le conozco. Es posible que Michelle Bachelet rehúya los debates no porque carezca de razones, sino porque lo suyo no es la oratoria. Le pido, sin embargo, que haga un esfuerzo y se someta a las reglas elementales del debate político. Somos muchos los chilenos que queremos oír sus argumentos. Tenemos demasiadas dudas, y el cargo que quiere ocupar afectará seriamente nuestras vidas por varios años. No tenga miedo: si descubrimos que nuestros temores eran infundados el país entero saldrá ganando.

jueves, agosto 04, 2005

Reflexiones de un perplejo: Lavín



Acompaño una serie de cuatro artículos, acerca de los candidatos a la elección presidencial chilena dediciembre de 2005

Domingo 7 de agosto de 2005





Tengo la desgracia de contarme entre los chilenos que no tienen claro por quién votar en diciembre. Como faltan varios meses, diré lo que pienso de cada uno de los candidatos, con la esperanza de que gente más sabia corrija mis errores y me ilumine en esta decisión que no me parece tan sencilla como a otros. Comencemos por el candidato más antiguo.Joaquín Lavín es un caso perfecto para un manual de ciencia política. Cuando obtuvo el 48 por ciento en la segunda vuelta, la prensa europea señaló que Lavín había mostrado un nuevo modo de hacer política. Esto no lo decían diarios afines a él, sino algunos muy críticos. Reconocían que había mostrado que no hace falta insultar ni agredir, que se podían reconocer los méritos del rival y que una persona importante era capaz de escuchar a la gente.En esa elección, Lavín se ganó el respeto de sus adversarios y la admiración de sus seguidores. Era alguien distinto, mostraba una inocencia que refrescaba el mundo político y se había atrevido a tener un estilo propio, lo que lo hacía respetable también para los que no estaban convencidos con aquel estilo. Su derrota era como la de Arturo Godoy ante el imbatible Joe Louis: uno de esos triunfos morales que causan las delicias de la psicología nacional.Naturalmente, se le podían reprochar muchas cosas, pero -aunque a algunos no nos convenza- ahí estaban los votos y la certeza de que si en seis años crecía en un 2% iba a ser el próximo Presidente de Chile. Ahí estuvo su desgracia, porque parece que, en adelante, todo su programa fue conseguir ese codiciado 2% y se olvidó del 48% restante. El razonamiento de sus asesores fue muy sencillo: "Tú no llegaste a la meta porque todavía apareces como muy conservador y eso causa resistencias en la gente: si te sueltas un poquito las trenzas conseguirás ese poco que te falta".Naturalmente sus asesores no conocían el futuro. No sabían que Bush -nos guste o no- iba a mostrar que las convicciones firmes pueden ser más rentables que las ambigüedades.Y empezó el payaseo, que consiguió lo que parecía imposible: lograr que el político distinto, el que podía bailar y batuquear pero no estaba dispuesto a hacer cualquier cosa por ganar una elección, apareciera como cualquier otro, como más de lo mismo. Es el caso de suicidio político más notable que he visto. Además, se consiguió que el número de los que no votarían por él por ningún motivo sufriera un alza notoria: ¡precisamente cuando lo que quería era despertar adhesión entre los que piensan de otra manera!Pero el error de los asesores no terminó allí, ya que, pensando en los votos, se olvidaron de los votantes, que son lo más importante. En efecto, los votos existen sólo en el día de la elección, en cambio los votantes tienen la capacidad de entusiasmarse y conseguir más votantes. Pero la gente no se entusiasma con cualquier cosa: se entusiasma con ideales. ¿Por qué Lavín tuvo un resultado asombroso en la elección anterior? Porque sus votantes estaban entusiasmados con la posibilidad de hacer algo distinto. Ahora, en cambio, los asesores sacaron la gran teoría del "voto cautivo". Había gente que de todas maneras iba a votar por él y, por tanto, sólo había que preocuparse de conseguir esos votos marginales.Pero se olvidaron de que el voto cautivo no existe, porque la gente con ideales no se deja dominar. Además, esos votantes a la fuerza, si llegan a existir, no son personas que estén dispuestas a gastar las energías y desplegar el entusiasmo que una campaña requiere. Además, como no son gobierno, no tienen mucho que perder.La pregunta que surge es: ¿son los asesores los culpables de todo? Aparte del hecho de que él eligió a sus asesores, hay que reconocer que las cosas no son fáciles y que hoy casi todos los políticos están obsesionados por las encuestas y les resulta difícil elevar la mirada más allá del corto plazo.¿Es imposible que Lavín sea el próximo presidente? En política no hay imposibles. Si alguien tiene dudas, pregúntele a Zapatero. Además, como dice un amigo mío, la opinión pública nacional se está pareciendo cada vez más al Monstruo de la Quinta Vergara. Cabe que le dé pena haber castigado tanto a Lavín. Mañana puede comerse a la candidata que hoy encumbró. Es la lógica de la farándula.

Joaquín García-Huidobro