Al menos un día
Que nadie diga entonces que todos los días deberían ser el día del padre o de la madre, porque eso es tanto como decir ninguno. Los seres humanos necesitamos de aniversarios y celebraciones para recordar qué cosas son importantes.
Además, en nuestro tiempo necesitamos con urgencia de este día. Muchas veces se caracterizó al siglo XX como el siglo de la ausencia del padre. Y el siglo XXI parece empeñado en conseguir el mismo título. ¿Por qué en nuestro tiempo el padre parece un ser ausente? Son muchos los motivos. En ocasiones el padre simplemente está muy ocupado haciendo cosas importantes y los hijos apenas lo ven. Otras veces está en casa, pero pegado a la televisión y no tiene tiempo para nadie. En ocasiones el padre no está porque simplemente se fue.
En esta época en que el padre está ausente, son muchos los hijos que cantan con John Lennon, en la más triste de sus canciones: “Padre, tú me dejaste/Pero yo nunca te dejé/Yo te necesité/ Tú no me necesitaste/ Así que sólo tengo que decirte/Adiós, adiós”.
La ausencia del padre causa innumerables heridas. Así, muchas veces se ha dicho que detrás de los casos de homosexualidad masculina hay casi siempre un padre ausente y una madre sobreprotectora. La figura del padre no puede ser reemplazada ni por la mejor de las madres.
En el plano religioso el padre es fundamental. No es casual que la tradición judeocristiana presente a Dios bajo la figura del padre. Y aunque, en sentido estricto, es la paternidad divina la que explica y fundamenta la humana, no podemos olvidar que, en el orden del conocimiento, nosotros entendemos la paternidad divina a partir de la idea que nos formamos de la paternidad humana. Cuando ésta falta, las ideas más básicas de la experiencia religiosa pueden resultar alteradas o al menos afectadas.
Muchas veces, sin embargo, un padre ausente no es más que un padre que ha sido rechazado. Un hombre que ha cometido algunos errores en la vida y no sabe cómo volver.
Este día nos permite decirle a los padres que son importantes. Y ninguno de ellos se siente ofendido porque el día de la madre tenga más importancia. Ellos se contentan con poco. Cuando reciben un regalo recuerdan y recordamos que la vida misma es un don, que tenemos buenos motivos para estar agradecidos y que, si bien podemos equivocarnos, siempre cabe pedir perdón y comenzar de nuevo.
Joaquín García-Huidobro
Director de Estudios
Universidad de los Andes
(Publicado en El Mercurio, 19-6-05, A2)

