domingo, septiembre 04, 2005

¿Qué le falta a Piñera?

Debo advertir que cuando pienso en Sebastián Piñera como candidato presidencial me afectan dos prejuicios. El primero es que, aunque en lo personal no estaría dispuesto a ser millonario, tengo simpatía por este tipo de personas y considero que, si consiguen llevar una vida relativamente austera, puede cumplir una función social muy importante. El segundo prejuicio es que me gustaría que un empresario fuese Presidente de Chile. Aquí no se trata de simpatías, sino de admiración por esos motores del progreso que tantas veces resultan incomprendidos.
En todo caso, la discusión de si los talentos de administrador son los mismos que los de gobernante es muy antigua. Sócrates pensaba que sí. Con él, muchos de los adherentes a Piñera se imaginan un país en donde todo funcione con la eficiencia y amabilidad de un vuelo en Lan Chile. Sin embargo, comenzando por Aristóteles, no faltan los que dicen que se trata de talentos muy diferentes y que nada asegura que la capacidad empresarial se traslade a la difícil tarea del gobierno político. Estos aguafiestas ven con horror un futuro en que los chilenos recibamos órdenes como las que da un gerente a sus subordinados.
La candidatura presidencial de Piñera fue mérito de algunas destacadas figuras de la UDI, que olvidaron que nunca conviene poner a la gente entre la espada y la pared. Hasta los mayores adversarios de Piñera dentro de su partido, reconocen que su nominación fue un comprensible acto de rebeldía. Hubo un momento en que RN quiso decir “basta” y lo hizo a través del mensaje que más podía dolerle a sus amigoenemigos.
Mi contacto personal con este candidato es nulo. La única excepción tiene que ver con los dos prejuicios positivos que enunciaba al principio. Una vez lo vi acercarse y, aunque no nos conocemos, me propuse saludarlo. Eran los años en que él presidía aún su Partido y, como pienso que esa es una tarea muy ingrata, consideré que a la gente que hace esos sacrificios hay que darle un reconocimiento, aunque sea tan pequeño como un saludo. Por alguna razón, mi saludo no fue correspondido. Como no daba para ninguna teoría al respecto, me olvidé del tema hasta que me fui encontrando con diversas personas que, en sus empresas o en la vida diaria, habían tenido una experiencia semejante.
El asunto me intrigó. Mientras conversaba con una persona me puse a pensar sobre el tema: ¿por qué pareciera que Sebastián Piñera no se interesa mucho por los demás? Ya había desarrollado un par de hermosas teorías cuando mi interlocutor me dijo: “—¡No me estás pescando! ¿No te interesa lo que te estoy diciendo?”. Casi lo abrazo de felicidad. Mi propia actitud me había permitido entender lo que le pasa al candidato de RN. Yo estaba conversando con una persona muy querida, jamás podría pensar que no me interesaba lo que me decía. Sin embargo en ese momento no le presté atención, porque tenía la cabeza en otra cosa. No es desinterés, no es maldad ni arrogancia: simplemente es la limitación humana. Y con Sebastián Piñera sucede lo mismo: tiene la cabeza tan llena de ideas que le resulta muy difícil entender lo que le pasa a quien tiene delante.
La explicación es buena, pero no quita que los electores lo notemos y nos moleste. No creo que logre cambiar en 2 meses y medio. Tendrá que esperar cuatro años. U ocho. En esto tiene mucho que aprender de Lavín y Bachelet.
Cuando Piñera se presentó de candidato, Joaquín Lavín se dio cuenta de que podía ser una oportunidad. En efecto, si hubiesen tenido un mínimo de coordinación habrían dejado atrás a Michelle Bachelet en un par de meses. Pero hasta hace unos días la preocupación fundamental de Piñera parece haber sido obtener un punto más que Lavín en la próxima encuesta y la de la UDI borrar del mapa a Sebastián Piñera. El candidato de RN lleva la competencia en la médula y esto molesta enormemente a los partidarios de Lavín. Unos y otros prefieren no salir primeros antes de correr el riesgo de terminar terceros. Mientras tanto, la candidata socialista sigue caminando calladita, lejos del fragor de la batalla. Si todo sigue igual, la Concertación sólo dejará el gobierno cuando la suma de sus errores pueda exasperar a los chilenos, cuya paciencia parece ser inagotable. Cuando llegue ese momento, iremos a implorarles que tomen un cargo. Espero que sus discusiones sobre una concejalía en Buenas Peras no les impidan prestarnos atención.

Joaquín García-Huidobro