domingo, septiembre 04, 2005

Hirsch amordazado

A comienzos de la década de los setenta, los muchachos de Silo se reunían a hablar de la paz, el amor y una nueva humanidad. Si alguien les hubiese dicho que de allí iba a salir un partido político, habrían dudado de la salud mental del que hablaba. Pero, como enseña Mercedes Sosa, "cambia, todo cambia": 15 años después, el Partido Humanista era el primero en ser aprobado por la legalidad inspirada en la Constitución de 1980. Hablaban de un partido distinto, lejos del marxismo, del neoliberalismo y de todas esas tosquedades políticas. Si por entonces alguien les hubiese insinuado que un día irían de la mano con los comunistas, habría sido objeto de burlas. Los humanistas decían por entonces que lo suyo era un camino propio. Pero "cambia, todo cambia", y hoy los tenemos unidos a un alicaído PC, al que incluso le impusieron un candidato del barrio alto, vestido con un cuidado descuido y cuya voz tiene un timbre muy diferente del comunista. El elegido es Tomás Hirsch, un joven veterano en las lides presidenciales.Su programa tiene cosas interesantes, calla otras que me parecen importantes y propone algunas que podrían llevar a transformar a Chile de forma tal que haría las delicias de Evo Morales. Con todo, el público apenas sabe lo que piensa. La culpa no es de Hirsch, que sí piensa, ni obedece a un original deseo suyo de pasar inadvertido. El problema es que este señor tiene la desgracia de estar en clara minoría, y esto parece ser un grave crimen en aquello que llaman nuestro sistema democrático. Algunos se ríen porque Hirsch reconoce que va a perder y, a pesar de eso, llama a votar por él. Nos dice que el voto en primera vuelta "vale". A mí me parece una estrategia muy digna, y no veo por qué en política haya que apostar siempre al caballo ganador, y menos en una primera vuelta. Y votar por Hirsch me parece un error, aunque probablemente menos grave que anular el voto o votar en blanco, que son recursos que sólo deben emplearse en casos muy excepcionales.La Srta. Jeannette (la de verdad, no la de TV), una profesora extraordinaria que me enseñó las primeras letras, me explicó que lo propio de la democracia es que todos pudieran debatir. Es decir, que lo propio de este sistema es el diálogo. No lo dijo con esas palabras, sino de manera mucho más inteligente, que permitió que se me quedara grabado hasta el día de hoy. Pero los reyes de las encuestas han determinado que el Sr. Hirsch no merece ser convocado al debate. Es un paria, con el que resulta indigno conversar.Entiéndase bien: no tengo el más mínimo escrúpulo en que algún neonazi, terrorista o cualquier cosa que se les parezca sea excluido del juego político, porque no acepta ciertas reglas ni respeta bienes elementales. Sin embargo, no me parece que ésa sea la situación de don Tomás. Y, en todo caso, no son Bachelet, Lavín ni Piñera los encargados de decretar esa exclusión.Supongamos incluso que su apoyo fuera insignificante, que sólo llegara a un 1 o 2 %. ¿Significa eso que a los miles de chilenos que están detrás de él se les negará a priori la posibilidad de crecer, de convencernos al resto de que su propuesta es mejor que las otras?Todos recordamos las emocionantes palabras con las que ciertos líderes de la izquierda y la Democracia Cristiana hablaban contra el extinto Art. 8° de la Constitución. Decían que anhelaban un Chile donde no hubiera exclusiones y todos pudieran hacer uso de la palabra. ¿Tan pronto se olvidaron del sueño de un país donde sólo pesara la fuerza de los argumentos? Probablemente no. Lo que sucede es que "cambia, todo cambia".El Sr. Hirsch está sufriendo en carne propia lo que significa gozar de una libertad burguesa; es decir, una libertad de papel. Nadie lo persigue ni lo encarcela por sus dichos o ideas, pero carece de las posibilidades mínimas para ejercerla. ¿Conoce alguien una mordaza más efectiva?¿Y por qué B, L & P lo ignoran y evitan conversar con él? Quizás los lectores tengan más imaginación que yo. Sólo se me ocurre que a Joaquín Lavín y a Sebastián Piñera no les conviene que aparezca alguien a la izquierda de la candidata socialista, porque la haría verse con mejor cara. (En todo caso, hay que reconocer que el candidato de RN mostró alguna disposición a incluirlo en los debates). Y, en lo que a Michelle se refiere, me temo que el Sr. Hirsch podría hacerle un par de preguntas incómodas. Todo esto quizás permita que B, L & P ganen algún punto en las encuestas, pero no sé si los ayuda a tener credibilidad.

Joaquín García-Huidobro