domingo, junio 05, 2005

El otro fundamentalismo

Meryem ha llorado como nunca en sus 17 años. El Director de su liceo expulsó la semana pasada a dos amigas suyas por el delito de llevar un velo en la cabeza. Después, recorrió todos los cursos. Cuando llegó al suyo se lo veía francamente indignado. Dijo que no toleraría ninguna violación de la laicidad de la escuela. “El Estado francés está separado de la Iglesia y así seguirá por los siglos de los siglos”, dijo el Director con cara tan inexorable como la de Robespierre.
Con toda esta historia, Meryem está bastante desconcertada. Ella siempre había oído en su casa que la prohibición del velo era un ejemplo más de cómo los cristianos persiguen a los musulmanes. Pero hace unos días oyó que le habían impedido a un sacerdote católico ingresar a un recinto escolar por el solo hecho de andar vestido de clérigo. Como es buena alumna —la mejor del curso— no se quedó tranquila hasta que descubrió que a los musulmanes se les estaban aplicando normas cuyo origen es muy antiguo, que en su tiempo se dictaron contra los católicos. Eso se lo dijo Monsieur Petit, el profesor de Filosofía.
Ella no usa el “chador”, pero le gustaría mucho hacerlo, como su madre y sus valientes amigas. Le ha prometido a Alá que cuando sea secretaria nunca se lo va a sacar. El sueño de su vida es ser secretaria de una multinacional petrolera. Habla tres idiomas a la perfección y nadie escribe más rápido que ella en el computador. Cuando está sola en su casa se imagina hablando por teléfono con todo el mundo y traduciendo correspondencia en los más diversos idiomas.
A pesar de todo, Meryem piensa que todo esto no se habría iniciado si no fuera porque ellos son árabes y además son pobres, “maghrébin”. Hace unos días, Jacques fue a la Escuela con una polera de un grupo satánico de rock pesado. Nadie le dijo nada, a pesar de que era horrorosa. Además, la gente puede llevar todo tipo de peinados y sombreros. Lo único que les desagrada es que alguien se ponga un velo porque lo dice una religión.
Tampoco entiende la lógica de todo este asunto. Ella respeta el hecho de que el Estado francés no tenga una religión oficial. Sin embargo, el Estado tampoco ha declarado que una música o un deporte tienen carácter oficial. No sólo la religión, sino también la música, el arte, el deporte y la comida están separados del Estado. Y sin embargo nadie prohibe ir a la escuela con un distintivo deportivo, a pesar de que eso sí causa discordia, al menos en su curso, donde los hijos de españoles han peleado con violencia a propósito de un equipo que tiene mucha plata pero al que ahora parece que le va mal. Todo esto muestra que lo que en el fondo les molesta a las autoridades es que haya algo que aluda a Dios, por más que Francia sea incomprensible sin la religión, comenzando con Notre Dame, abarrotada de turistas.
Meryem no tiene pelos en la lengua, pero sabe muy bien hasta dónde se puede llegar en un país extranjero (que, dicho sea de paso, es el de su nacimiento). Hace dos semanas le dijo al profesor de Filosofía que en toda esta historia los más fundamentalistas son ellos (los laicistas). De inmediato se dio cuenta de que no podía volver a decirlo, ni siquiera a Monsieur Petit. Descubrió que si seguía por ese camino nunca llegaría a ser secretaria. Cuando uno es un Don Nadie es mejor quedarse callado. Para eso están las lágrimas. Ya le llegará el momento de hablar.

Joaquín García-Huidobro Correa
Universidad de los Andes

3 Comments:

Blogger fdadfsa said...

Qué triste realidad tan bien contada.
Pero... ¿son laicos o... ateos?

3:48 p. m.  
Blogger Marta Salazar said...

Muy buena pregunta...

2:10 p. m.  
Blogger Marta Salazar said...

Joaquín! tu artículo es hoy más actual que nunca!

4:28 p. m.  

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