domingo, junio 05, 2005

Carta a un estudiante

Estimado (a) estudiante de primer año:

Aunque no te conozco -espero tener la oportunidad en un futuro cercano-, quiero contarte algunas cosas que me hubiese gustado oír hace ya algunos años, cuando pasé por tu misma situación. Lo que te digo está basado en mi experiencia en el aprendizaje y enseñanza del Derecho, y puedes complementarlo con lo que vaya siendo tu propia experiencia como también la de profesores y estudiantes de cursos superiores.

Siempre me ha llamado la atención el cambio que experimentan los estudiantes entre cuarto medio, en donde parecen saberlo todo, y el ingreso a la Universidad, a la que llegan con aire apocado y dispuestos a creer todo lo que les digan. Pienso que ninguna de las dos actitudes es realista: no eres ni tan sabio como pensabas al terminar el colegio ni tan inútil como te parecerá dentro de poco. Pero, en todo caso, es bueno mantener esa conciencia de la propia ignorancia. La Universidad es para gente que quiere aprender: profesores y alumnos. Por eso, desconfía del profesor que crea saberlo todo.

Hay dos dificultades que encontrarás muy pronto. La primera es que al alumno de primer año, si es joven, le cuesta mucho distinguir lo principal de lo accesorio. Y esto, si se tienen varios centenares de páginas por delante, puede ocasionar problemas. La dificultad se resuelve yendo a clases (los profesores mismos se encargan de poner énfasis en determinadas cuestiones), pidiendo consejo a buenos alumnos de los cursos superiores o al profesor mismo, y, sobre todo, si, al estudiar, te preocupas de pensar qué importancia puede tener esta materia, cómo se relaciona con otros temas que has visto, y qué consecuencias prácticas puede tener.

La segunda dificultad reside en el desconocimiento del lenguaje. Cada disciplina tiene una terminología propia, que tendrás que conocer pronto si quieres expresarte con propiedad y entender la bibliografía que el profesor te recomienda. Aquí te invito a adquirir la costumbre de consultar con frecuencia el Diccionario de la Academia de la Lengua, buscando las acepciones pertinentes, y los diccionarios especializados. Si no te contentas con las explicaciones de clase, y consultas los libros que sirven de base al profesor (un buen profesor no esconde a sus alumnos las fuentes de su conocimiento) podrás avanzar rápidamente en la adquisición del vocabulario.

Cuanto más pronto te decidas a estudiar en las tardes lo que viste en la mañana, mejor. Como tendrás fresca en la cabeza la clase del profesor, te será mucho más fácil repasarla. Así cumplirás con un principio elemental: siempre hay que llegar a clase sabiendo lo que se vio la clase anterior. Esto permite estudiar en clases, en vez de limitarse a tomar apuntes que apenas se entienden y que habrá que descifrar no se sabe en qué momento. Quien no estudia todos los días corre el riesgo de ser abatido por lo que un amigo mío llamaba los sunami: esas grandes olas de materia que se van acumulando mientras uno se limita sólo a estudiar para la próxima prueba, dejando desatendidos aquellos ramos en los que no hay control a la vista. El estudio tiene que ver con el orden más que con la inteligencia.

Ojalá venzas pronto el miedo a preguntar en clases lo que no entiendes. Tus compañeros se reirán. Algún profesor calificará de “tonta” tu pregunta (personalmente nunca he oído preguntas tontas de parte de los alumnos; las preguntas son siempre útiles), pero aprenderás. No te quedes con dudas. Si no puedes preguntar recurre a otros alumnos o al profesor después de clases.

A la Universidad se viene a estudiar. No hay mejor contribución que puedas hacer en este momento al país. Quienes se dedican a arreglar el mundo y no estudian, olvidan que los problemas son suficientemente complejos como para exigir de nosotros los mejores esfuerzos intelectuales. Y la inteligencia se cultiva con el estudio.

Saber estudiar exige saber descansar: deporte más que TV, clásicos mejor que libros de moda. Un rato para leer un buen diario. Y, por último, saber perder. No tener miedo al fracaso. La única manera de aprender a superar las derrotas es sufrir algunas. Ojalá te lleguen pronto y tengas valor para seguir luchando. Aunque sólo sea por eso, se habrá justificado tu paso por la Universidad.

Joaquín García-Huidobro Correa
Director de Estudios
Universidad de los Andes

1 Comments:

Blogger Efraín said...

Dem bueno como estudiante univesitario estoy deacuerdo.... En muchos momentos se piensa que lo unico que se posee es ignorancia.... Orden y mucha diciplina logran superar cualquier obstaculo....

3:25 p. m.  

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