Halloween & Jálogüin
Al caer la tarde, sin embargo, no sólo será la hora de Halloween. De las riberas del Mapocho empezarán a subir los niños de las poblaciones. Ellos no irán con traje de bruja, de calabaza o de angelito. Irán vestidos de lo que puedan. Con caras expectantes se acercarán a las casas del barrio alto, con la esperanza de que ese día puedan echarle al estómago cosas muy distintas de las sopas y manzanas habituales. Son los niños de Jálogüin.
Ellos no hacen nada cuando les niegan un regalo. A diferencia de los Halloweens, ellos están acostumbrados a que les digan que no. Tampoco tienen tiempo para manchar unas paredes o romper el timbre: hay centenares de casas esperándolos y cada una es una esperanza. Además, no es bueno tener problemas con los ricos. Ya los tendrán de todas maneras dentro de algunos años, cuando alguno de ellos opte por trabajar al margen de la ley.
Tocan el timbre con cierta timidez. No se atreven a decir “golosinas o travesuras”. Dicen simplemente “Jálogüin”. También repiten algo que le oyeron decir a unos niñitos de Halloween: “¡ticortrid!”. Aunque no saben qué significa, les trae buena suerte.
La Jessica, el Johnatan y la Jennifer no van solos. Los acompañan sus mamás, a prudente distancia. Bien provistas de bolsas, se encargan de meter en ella lo que vaya llegando. No sea que alguien piense que los niños ya tienen bastante y deje de darles.
No es difícil distinguirlos a estos visitantes de los niños de Halloween. Su aspecto, más que dar susto, es divertido: una capa de Batman, unos cuernos de vikingo y unas alas de ángel que ocuparon una vez en la Escuela, en una representación. Reciben los regalos en blancas bolsas de supermercado.
Cuando llegue Jalogüin conviene tener a mano no sólo caramelos y chocolates. En otra bolsa se pueden meter unas poleras o paquetes de fideos y conservas. Porque ese día la comida de los Jalogüines la ponemos nosotros. Es un pedazo de Chile que espera lo que le dará el jaguar. Confían en que en, medio de las elecciones, este país tan laureado por los rankings no se olvidará de ellos. No le cerrará la entrada a esa parte del 9,9% que no usa chaqueta y corbata; no se olvidará de la cesantía no ilustrada, esa que no ha leído las cartas al director de los últimos días a propósito de la violencia electoral, del empate técnico en las municipales, de lo que dice un Presidente acerca de las hormonas de otro o de la forma de festejar Halloween (o Jálogüin).
Joaquín García-Huidobro Correa
Universidad de los Andes
Publicado en El Mercurio el Domingo 1 de noviembre de 2004

